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Alivio del Dolor

Llevar a los niños a vacunarse puede ser una experiencia estresante tanto para los padres como para los hijos, pero el dolor pasajero que los niños experimentan durante las inyecciones bien valen la pena por los beneficios que conllevan. Aun así, los padres quieren que sus hijos sufran la menor incomodidad posible.

Gracias a diversos estudios destinados a encontrar las mejores maneras de aliviar el dolor de las inyecciones, contamos con unas cuantas sugerencias y estrategias para disminuir la ansiedad y lágrimas de los bebés:

Calme a su bebé con estas recomendaciones: después de la vacuna, envuelva a su bebé con una manta, colóquelo de lado o boca abajo y consuélelo meciéndolo delicadamente. Si su bebé aún está alterado, dele un chupete para que se tranquilice chupándolo. Estas sugerencias han demostrado disminuir el llanto y dolor de los bebés porque la atención y cuidados de las cinco técnicas los distraen.

Una cucharada de azúcar mejora todo: darle a su bebé una pequeña dosis de solución de azúcar (agua azucarada) antes de la inyección, ha demostrado reducir el dolor durante los minutos posteriores a la vacuna. Este poquito de azúcar puede reducir el llanto y las conductas que sugieren que hay malestar.

La leche materna puede ayudar: los bebés que solo son amamantados tienen menos probabilidades de tener fiebre después de las inyecciones que los bebés que son amamantados de forma parcial o que se alimentan de formula infantil únicamente. 

Los detalles cuentan: si su bebé se altera antes, durante o después de la vacuna, aplique estas sencillas sugerencias:           
                  - Háblele calmadamente o cántele una canción.
                  - Acurrúquelo si desea que lo carguen.
                  - Lleve la manta o juguete favorito del bebé para confortarlo.
                  - Si su hijo es más grande y ya empieza a caminar, cuéntele un cuento, digan juntos el abecedario o respiren profundamente para que “el aire se lleve el dolor". ¡La respiración profunda es también buena los padres nerviosos!

Si su hijo es lo suficientemente mayor como para entender que le están poniendo una inyección, no ignore su miedo ni lágrimas.  Reconozca su aversión e incomodidad y hágalo sentirse seguro al responder sus preguntas con honestidad; sin embargo, no hay que explicar de más ni explayarse en el tema.  

¡Cuando no esté seguro, sonría, anime a su hijo y elógielo por su valentía una vez que termine!  El dolor y estrés que experimentan padres e hijos bien valen los años de protección que obtienen contra las enfermedades.

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