Why Vaccinate?

Seguridad de las Vacunas

¿Las vacunas tienen efectos secundarios?

Como con cualquier medicamento, hay posibles riesgos y efectos secundarios asociados a las vacunas. Sin embargo, el  riesgo de sufrir una reacción alérgica es mínimo en comparación  al riesgo de complicaciones serias como hospitalización o muerte, a causa de una enfermedad que puede prevenirse con vacunas. Los beneficios de la vacunación son muchísimo mayores que los riesgos.

Las vacunas se someten a rigurosas pruebas de seguridad antes de ser aprobadas por la FDA y se hace seguimiento continuo en cuanto a su seguridad. Se evalúa la seguridad de todos los ingredientes de las vacunas. Las vacunas también se estudian para ser administradas juntas, a fin de que trabajen conjuntamente en desarrollar de forma segura el sistema inmunológico de su hijo.

Según los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC), en la mayoría de los casos, los efectos secundarios de la vacuna son pocos y duran solo unos días. Los efectos secundarios varían pero, en general, los efectos secundarios leves pueden incluir:

  • Dolor, enrojecimiento, sensibilidad o inflamación del área de la inyección.
  • Fatiga
  • Dolor de cabeza
  • Comezón en el área de la inyección
  • Náusea
  • Mareos y desmayos (más comunes en los adolescentes)
  • Fiebre
  • Erupción leve

Los padres deben estar pendientes de las circunstancias inusuales, como fiebre alta, debilidad o cambios de conducta. Las señales de una reacción alérgica seria pueden incluir dificultad para respirar, ronquera o  silbido respiratorio, urticaria, palidez, debilidad, taquicardia o mareos. En el caso improbable de que su hijo presente señales de reacciones alérgicas o efectos secundarios, debe comunicarse inmediatamente con el médico.

Aunque los efectos secundarios son muy poco comunes, urgimos a los padres para que reporten los efectos secundarios serios al  Sistema para Reportar los Efectos Adversos de las Vacunas (VAERS), que sirve para reportar, analizar y hacer que el público tenga acceso a la información de incidencia de efectos secundarios adversos.

¿Las vacunas causan autismo?
El autismo pude ser extremadamente difícil de diagnosticar  por los padres y médicos. Algunos padres pueden atribuir una relación entre las vacunas y el autismo de sus hijos debido al momento en que estos comienzan a mostrar señales de autismo.

Sin embargo, no hay datos que apoyen un vínculo entre las vacunas y el autismo, y nunca los ha habido. El miedo que existe con las vacunas y el autismo es resultado de un estudio, actualmente desacreditado, conducido en 1998 por el investigador británico Andrew Wakefield, que proponía una relación entre la vacuna MMR, la vacuna que protege contra el sarampión, las paperas y la rubéola y la aparición del autismo en los niños. La publicación original fue en la revista médica británica  Lancet, que  se retractó con respecto a la investigación de Wakefield a 12 niños.  Los coautores de Wakefield retiraron sus nombres del estudio y él perdió su licencia médica; más adelante,  se determinó que el estudio era fraudulento. 

La inquietud sobre un posible vínculo entre la vacuna MMR y el autismo llevó a varios científicos e investigadores a realizar más estudios. El Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC), los Institutos Nacionales de Salud (NIH) y científicos de todo el mundo, han conducido más de veinticuatro estudios en los últimos doce años. Ninguno de estos estudios ha obtenido los resultados de Wakefield ni encontrado conexión alguna entre la vacuna MMR y el autismo.

Este único estudio defectuoso y fraudulento ha generado desconfianza en los padres hacia la vacuna MMR, lo que ha hecho que la rechacen, lo que últimamente ha provocado la resurgencia del sarampión. Se han invertido millones de dólares en investigaciones que tratan de recrear este estudio, que en la actualidad se sabe que es falso.

¿Qué hay en las vacunas?
Las vacunas contienen elementos e ingredientes que mejoran cuidadosamente su seguridad y eficacia. Las regulaciones de la FDA requieren que las vacunas se sometan a pruebas para garantizar esterilidad, seguridad general, pureza, identidad, idoneidad de los materiales constituyentes y su potencia. Los padres pueden tener la certeza de que los componentes de las vacunas  para sus hijos son seguros y trabajan para mantener a los niños saludables y protegidos contra enfermedades infecciosas.

Además de los ingredientes activos, las vacunas contienen excipientes, o sustancias inactivas, que "transportan" a los ingredientes activos. Los excipientes permiten que la vacuna haga su trabajo, que es desencadenar una respuesta inmunológica natural en el cuerpo y producir anticuerpos que reconocen y luchan contra un antígeno en particular. Generalmente, las vacunas solo tienen cantidades mínimas de estos componentes; mucho menos que las que los niños obtienen de su medio ambiente, alimentos y agua.

Usted debe haber escuchado las advertencias de otros padres sobre el aluminio en las vacunas infantiles. Sin embargo, no hay necesidad de que los padres le teman al aluminio. Este elemento  es un metal muy común en la naturaleza y es parte de nuestro ambiente diario.

Podemos encontrar pequeñas cantidades de aluminio en el aire, agua, tierra y comida. De hecho, hay aluminio en la leche materna y también en las fórmulas lácteas infantiles en cantidades más elevadas. Los niveles de aluminio presentes en los alimentos para bebés, tal como en las vacunas, no son peligrosos para la salud de los bebés. Los bebés saludables eliminan rápidamente el aluminio de sus cuerpos, sin consecuencias dañinas. Como el aluminio es tan común en nuestro ambiente natural, es casi imposible evitar exponerse a él. El único motivo de preocupación con respecto a la exposición de su hijo al aluminio es solo si tiene una función renal disminuida Y se expone a grandísimas cantidades del metal durante meses y años. Generalmente, la exposición elevada al aluminio se da en el ambiente laboral. El aluminio causa problemas de salud a quienes trabajan en ambientes polvorientos y respiran polvos o gases de aluminio.

Los científicos que estudian las vacunas aseguran a las madres y padres que, aunque no todas las vacunas contienen aluminio, las investigaciones demuestran que su uso en ciertas vacunas realmente ayuda a crear una mejor y más duradera respuesta inmunológica del cuerpo.

Adicionalmente, a algunos padres les preocupa el uso de timerosal en las vacunas de los niños.  Desde 2001, todas las vacunas recomendadas por el CDC para los niños están libres de timerosal, o contienen cantidades mínimas,  exceptuando algunas fórmulas de la vacuna contra la influenza. El timerosal se ha utilizado en vacunas  por más de 70 años en los Estados Unidos,  combinadas para prevenir el crecimiento de microorganismos tales como bacterias y hongos. La contaminación de gérmenes en las vacunas, además de ser simplemente asquerosa, puede causar enfermedades graves o la muerte.

Las investigaciones demuestran que las vacunas que contienen timerosal  no son dañinas para los humanos, aparte de provocar enrojecimiento e inflamación.

¿Por qué se les pone tantas vacunas a los bebés siendo tan pequeños?
Es importante recordar que las enfermedades serias atacan a los jóvenes y débiles. Inmunizamos a los niños pequeños contra las enfermedades porque es la época en que están MÁS vulnerables a las enfermedades que ponen en peligro  sus vidas. La gente en mayor riesgo de morir a causa de una enfermedad prevenible con vacunas, son los más pequeños y los más ancianos. Vacunamos para salvar vidas.

Es entendible que se preocupe por la cantidad de inyecciones que hay que ponerle a su hijo. En la actualidad, los niños reciben muchas más vacunas que cuando nosotros éramos pequeños. Pero la cantidad de vacunas para su hijo es realmente una buena noticia. Significa que tenemos la capacidad de proteger a los bebés de más enfermedades que nunca antes.

El cronograma de vacunas que recomienda el CDC está especialmente diseñado para proteger a los niños cuando se encuentran en mayor riesgo. Cuando vacuna a su hijo según el cronograma de vacunación recomendado por el CDC, será inmune a 14 enfermedades para cuando tenga dos años. Los científicos y médicos han invertido innumerables horas para  que el cronograma de vacunas sea seguro y eficaz.

Algunos padres piensan que la cantidad de vacunas del cronograma recomendado es exagerada, aplicada demasiado pronto y que podría abrumar el diminuto cuerpo de los bebés. La verdad es que el sistema inmunológico de su hijo es más fuerte de lo que usted piensa. Sus pequeños cuerpos pueden "tolerar" mucho y responder a varias vacunas a la vez.

Desde el  momento  en que nacen, los niños se exponen a cientos, incluso miles, de partículas externas en forma de hongos, bacterias y virus. Los sistemas inmunológicos de los bebés  están diseñados para protegerlos de estas bacterias y virus que retan sus sistemas inmunológicos a diario. Los bebés tienen la capacidad de responder a estos gérmenes porque tienen la habilidad de producir anticuerpos.

Las vacunas aplicadas durante los primeros dos años de vida son una gota en el océano de lo que el sistema inmunológico se enfrenta diariamente.

De hecho, su hijo se expone a más antígenos en su medio ambiente que a los de todas las vacunas juntas. Los expertos saben que el sistema inmunológico de su hijo está bien equipado para tolerar estos antígenos, o desencadenantes inmunológicos, que muchas vacunas contienen.

Aunque el sistema inmunológico de su hijo es lo suficientemente fuerte y preparado para tolerar estos reto diarios y la respuesta inmunológica desencadenada por las vacunas, no hay forma de saber cómo afectará a su cuerpo una enfermedad infecciosa. El sistema inmunológico de un niño no es lo suficientemente fuerte para luchar contra las enfermedades infecciosas como el sarampión o la meningitis, esta es la razón por la que los vacunamos a tan temprana edad.

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